Concepto

La pandemia nos marcó a todxs. En este contexto, en los territorios de lo que conocemos como América Latina se empezaron a generar diversas ayudas, tanto públicas como privadas, dirigidas a diferentes gremios y grupos de personas, incluyendo artistas y creadores. Una característica peculiar de estos fondos fue que casi todos pedían que el postulante o beneficiario hiciera algo. Esto me pareció particularmente llamativo pues, no bastaba con ser humano y acreditar, de alguna forma, una situación desesperada. De hecho, en un fondo de emergencia que me adjudiqué, una funcionario me dijo que no importaba lo que yo hiciera, pero que tenía que hacer algo.

Por otro lado, la pandemia reforzó la discusión sobre la necesidad de generar en las sociedades un ingreso mínimo garantizado para la totalidad de la población, independientemente del nivel de ingresos que genere. Esta idea ha sido nombrada de diversas maneras: (RBU), Ingreso Básico Universal (IBU), renta básica incondicional (RBI), ingreso ciudadano, entre otros. Sin embargo, las voces críticas a este tipo de propuestas suelen argumentar que esta podría afectar la productividad y estimular la «flojera». De hecho, en muchos territorios ya existe una condena social al ocio y al hecho de que haya personas que optan por «no hacer nada». El trabajo y la producción se han transformado en valores absolutos y esenciales, y el ocio en un enemigo que es necesario combatir. Esto se puede contemplar como una triunfo del capitalismo.

Ahora bien, en este marco de pandemia, en el que el trabajo continúa siendo un valor que consume la mayor parte del tiempo de los ciudadanxs, también me pregunto qué es lo que no concebimos como trabajo. ¿Qué hacemos para divertirnos el año 2021? Cuando hablamos de qué concebimos como «hacer nada» en nuestra intimidad.

Por otra parte, y ya habiendo decidido que el proyecto sería una creación colectiva, decidí aprovechar esto para hacer un statement al respecto. Normalmente, en este tipo de proyectos de arte el artista se lleva todos los créditos, sin siquiera nombrar al resto de las personas que cooperean en él, invisibilizándolas. Por eso, se tomó la decisión de darles, explícitamente, el merecido lugar de co-creadorxs a lxs seleccionadxs.

Finalmente otro motor del proyecto es, una vez más, proponer el espacio digital como un lugar posible y potente para no solo albergar una pieza de arte, sino que también para, en términos de Anderson, trabajar con una documentación teatral, esto es, tomando en cuenta el medio como epistemología integral de la pieza. En este caso, YouTube, en el que la audiencia está habituada a ver gente haciendo cosas, y no «haciendo nada».